miércoles 25 de febrero de 2009

La Ceniza

La ceniza, en el contexto bíblico, simboliza a la vez el pecado y la fragilidad del hombre.Los profetas presentan al que se aleja del Dios verdadero por el pecado como alguien que se alimenta de cenizas, que tiene su corazón engañadoy se perderá (Is 44,20)


El libro de la Sabiduría dice del pecador: `Su corazón es ceniza, su esperanza, es más vil que el polvo, su vida es más miserable que el barro' (Sab 15,10). Por eso el salario del malvado no puede ser sino la ceniza (Ez 28,18)Pero el hombre que reconoce su miseria, su limitación, admite y confiesa que no es más que polvo y ceniza (Gen 18, 27); y para significar delante de los demás, y ante sí mismo que está convencido deello, en, ciertas circunstancias realiza el gesto de sentarse sobre laceniza (Job 42,6; Jon 3,6; Mt 11,21) y se cubre con ella la cabeza(Judith 4,11-15; Ez 27,30)


Cubrirse de ceniza era en el mundo bíblico, realizar en forma por demás plástica, una especie de confesión pública: por medio del signo de esta materia sin vida, vuelta polvo, el hombre se reconoce pecador y frágil,previniendo el juicio de Dios y atrayendo su misericordia.


La Iglesia recogió esta rica herencia en el simbolismo de la ceniza. Hubo una evolución en el concepto y en la práctica de la penitencia. El rigorismo fue el primer distintivo. Los que cometían un grave pecado eran excluidos de la comunidad. Posteriormente se abrió la posibilidad de un perdón, pero ganado a través de participar en una estricta penitencia.


El Miércoles de Ceniza los que se reconocían como pecadores, manifestaban con este gesto públicamente el reconocimiento de sus faltas, pero también el deseo de un cambio.Después la penitencia evolucionó hacia la forma individual, que actualmente vivimos. Sin embargo quedaron rasgos de esa penitencia comunitaria..




¿POR QUÉ ACERCARME A RECIBIR LA CENIZA?

Porque reconozco mi condición de ser humano pobre y limitado, y porque quiero levantar mi corazón hacia Dios, esperando de El su perdón, ayuda y sanación.Dios no quiere un sentimiento de culpabilidad, sino un sincero reconocimiento de lo que estamos haciendo mal, para que lo podamos corregir.



`Arrepiéntete y cree en la Buena Nueva"

miércoles 24 de diciembre de 2008

“Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, la humildad es valorada" (1 Cel 85)

El relato del pesebre que Francisco preparó el día
de Navidad en Greccio, describe a Jesús en el misterio de su humildad y su pobreza, de su exclusión
e indefensión, usando expresiones como “invalidez del
niño” (1Cel 84), “rey pobre” (1Cel 86), “pequeña ciudad”
(1Cel 86), pesebre, heno, buey y asno...

En Greccio, junto a Francisco, aprendemos a mirar,
comprender y sentir de otra manera. Acostumbrados
a mirar lo que destaca, lo que da prestigio,
se nos pide descubrir y dejarnos vivificar por la presencia
misteriosa y silenciosa de Dios en lo pequeño y
escondido, en lo sencillo, pobre y humilde de nuestras
vidas y de la vida. Se nos invita a acercarnos a ese niño
desde la ternura y la pobreza y no desde la agresividad
o la prepotencia. Para encontrarnos con el recién nacido
no hay otro camino que hacernos sencillos y pequeños,
como María, José, y los pastores.

Greccio y Belén son una llamada a ser fieles a
una dimensión esencial de nuestra forma vitae:
la minoridad. Las Constituciones Generales nos
dicen: “Para seguir más de cerca y reflejar con mayor
claridad el anonadamiento del Salvador, adopten los
hermanos la vida y la condición de los pequeños de la
sociedad, morando siempre entre ellos como menores”
(CC.GG. 66,1; cf. CC.GG. 97,1). Greccio y Belén son
una llamada a “vivir el Evangelio como menores entre
los menores” (Shc 33). Greccio y Belén nos llaman a
observar los acontecimientos y a leer la realidad desde
los pobres (cf. CC.GG. 97,2) y a aprender de ellos (cf.
CC.GG. 93,1) porque es así como verdaderamente les
podremos servir.

¡Muy Feliz Navidad!